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11 MIRADAS PARA UN NUEVO TIEMPO DE HERRIGINTZA

Once miradas para una reflexión que queremos hacer en la plaza vacía.

Once miradas que se entremezclarán con otras muchas.

Para escucharnos mutuamente y hacer causa común.

1. NUEVO TIEMPO: CONTINUIDAD. Percibimos que estamos en pleno cambio de ciclo, en un periodo de transición hacia un nuevo tiempo. La primavera vasca que se inició en la época más oscura del franquismo ha durado mucho, ha sido un fructífero tiempo de herrigintza que no puede entenderse fuera del contexto del conflicto político con los Estados. La apuesta por la ruptura democrática –en el franquismo primero y durante la reforma después– ha liberado las energías de la herrigintza vasca. Se ha hecho mucho, hemos construido este pueblo, hemos hecho herrigintza en sentido profundo. Tenemos donde sembrar nuevas semillas: en el suelo abonado por una sólida tradición comunitaria.

2. NUEVO TIEMPO: RUPTURA. Es tiempo de grandes cambios. No sabemos a dónde nos llevará esta transición, pero es evidente que se avecina un nuevo tiempo. Estamos en un proceso de búsqueda, caminamos a tientas y, en determinados ámbitos, presos de la inercia, nos encontramos con evidentes dificultades para desbrozar el camino. El nuevo tiempo de herrigintza tendrá necesariamente nuevos imaginarios, nuevas formas de actuación y nuevas épicas, y, por lo tanto, es urgente romper con los moldes ya caducos. El nuevo tiempo nos condena a reinventarnos.

3. DESERRIGINTZA. En los últimos años, diferentes dinámicas que hacen de Euskal Herria una comunidad autocentrada se han ido debilitado como consecuencia de la globalización neoliberal y la recentralización de los Estados –debilidad del tejido productivo, vulnerabilidad del sistema institucional de autogobierno, desestructuración del espacio comunicativo, agotamiento de una fase de euskaldunización, etc.–. El siglo XXI le plantea nuevos retos a Euskal Herria, y las bases para afrontarlos son débiles.

4. ENERGÍA CREADORA. Existe una energía creadora que nos muestra el camino. Aunque estamos en un periodo de transición, en los últimos años hemos visto procesos transformadores pioneros: creación de la Comunidad Única en Ipar Euskal Herria, proceso de destitución del régimen navarro, florecimiento del feminismo, lucha contra el fracking, movimiento Gora Gasteiz, desarme, activación social en euskalgintza, oleada de movilizaciones por unas pensiones dignas, florecimiento del cooperativismo, proliferación de proyectos de vida y trabajo transformadores, etc. Las mayores movilizaciones sociales de la historia contemporánea de Euskal Herria se han producido en los seis últimos años. Necesitamos unas nuevas lentes para analizar las características y los frutos de los procesos sociales.

5. ARTICULACIÓN. Aunque existe energía creadora, detectamos una tendencia a la fragmentación, y pensamos que eso puede ser peligroso. El neoliberalismo desmantela las comunidades institucionalizadas, impulsando la fragmentación social, el individualismo y el consumismo en la disputa cultural e ideológica. Carecer de ambición para transformar las mentalidades y las estructuras materiales es catastrófico, ya que borra el horizonte del cambio. Es indispensable superar la fragmentación de luchas y sujetos y acometer todas las batallas desde proyectos integrales. Desarrollar una reflexión como pueblo y vivir como tal es fundamental para articular sujetos transformadores y crear otras relaciones sociales.

6. SOBERANÍA POPULAR. Una de las principales características de la globalización neoliberal es la privatización de la democracia: arrebatar a la gente la capacidad de decisión y dejarla en manos de las élites financieras y oligárquicas. Ante ello, la soberanía popular ha sido la reivindicación básica de los diferentes procesos emancipadores que hemos visto en los últimos años en el contexto europeo –desde el 15-M hasta el proceso independentista de Catalunya–. Ese es precisamente el principal frente de lucha hoy en día: soberanía popular –soberanía en plural– para construir un modelo de sociedad justo e igualitario versus dictadura de los mercados financieros. La herrigintza trabajada por el independentismo de izquierdas debería buscar una fuerte reacción comunitaria como pueblo, con el objetivo de organizar Euskal Herria como escala democrática.

7. CONSTRUCCIÓN ESTATAL. Este proceso de construcción no puede entenderse al margen del proceso de estatalización de Euskal Herria. El mantra liberal que pregona que los Estados carecen de actualidad es una gran falacia. El neoliberalismo necesita más que nunca el Estado, precisamente para vaciarlo y ponerlo en manos de las élites. La proliferación de Estados autoritarios y tecnocráticos es reflejo de ello. Por el contrario, la construcción de un estado democráticamente avanzado es un proyecto antagónico al neoliberalismo. La herrigintza impulsada por el independentismo de izquierdas debería tener la ambición de construir las bases sociales, económicas, políticas y culturales de la República Vasca. Tendremos enfrente a los Estados español y francés, más reaccionarios que nunca.

8. CULTURA POLÍTICA. El nuevo tiempo de herrigintza exige una nueva cultura política y, empezando a pensar en ella, tenemos de donde recogerla. El sentido de herrigintza ha sido uno de los rasgos distintivos de la cultura política del independentismo de izquierdas, pero, por diferentes razones, en los últimos años ha ido languideciendo. Nos hemos caracterizado por la sensibilidad hacia las y los oprimidos, el compromiso comunitario, la honestidad, la flexibilidad y/o la disposición a embarrarnos. Pero también hemos practicado el sectarismo, el vanguardismo y el mesianismo. Tenemos que volver a las raíces y rescatar lo mejor de nuestra cultura política para ponerlo al servicio de este nuevo tiempo.

9. ALTERNATIVAS SOCIOECONÓMICAS. Si aspiramos a construir otro modelo social, más allá de profundizar en políticas redistributivas, es necesario tener ambición para transformar las relaciones sociales y productivas. Existe capital social suficiente para pensar y propugnar un Modelo de Desarrollo Vasco, de forma que nuestra tradición comunitaria sirva también para vertebrar la economía: la experiencia cooperativa, que tiene un largo recorrido de décadas, la expansión de diferentes formas de economía social y la fuerza del sindicalismo abertzale.

10. MUNICIPALISMO. El municipalismo tiene un valor estratégico desde el punto de vista de herrigintza. Es preciso reconocer la aportación que el municipalismo hace a herrigintza, y a la inversa, ya que allí donde el espacio de las instituciones locales y el espacio de la sociedad civil organizada se solapan existe gran riqueza para prácticas transformadoras. En Euskal Herria tenemos una larga tradición en prácticas de herrigintza ligadas al municipalismo, y el potencial de convertirnos en espacio de experimentación de referencia en cuanto a innovación social.

11. COLABORACIÓN VASCA. Más allá de las estructuras administrativas, Euskal Herria se enfrenta al enorme reto de encontrar dentro de su propio territorio el camino para organizarse y desarrollarse como comunidad autocentrada. La colaboración vasca, entre otras cosas, podría articular Euskal Herria como espacio para experimentar políticas dirigidas a la transición socioecológica. Hoy en día, las condiciones para profundizar en dinámicas de colaboración entre los territorios vascos son mejores que nunca. Para ello se necesitan nuevos instrumentos. Habrá que adecuar o recaracterizar los viejos, así como crear otros nuevos.